sábado, 4 de julio de 2015

Cuento X

Primero tendré que decir que este no es un cuento como algunos lo entienden, cometo todos los errores escuchados en el pasado.
Esta es la inspiración del momento de la caminata frustrada por la lluvia y la falta de instrumentos que la contengan. Todo empezó cuando el momento decidió que empiece la cuestión, cuando se soltó la corriente y se desataron los demonios de la mente, aquel hombre delgado encegueció la mirada y salto a volar en las palabras del sentimiento, encerrado en el cuarto de puerta gris en el que se encontró enclaustrado, al verse inútil a la hora de escapar del existir por las gotas ciegas de las circunstancias.
El hombre volaba incierto de respuestas, necesitado de miradas ajenas, comprensión y lasos, nada recibido, el espacio en el que se movía se reía de el, porque sabia que no sucedería, porque sabía que el sentía lo que la puerta temía, hasta la lluvia se creía extraña frente a la irrisoria cuestión.
Al escuchar la risa triste y extrañada mas de lastima que de gracia, el hombre delgado callo, de un tirón de energía se soltó el sentimiento temido que se burlo y se escapo en búsqueda de la fuente de la risa de la lluvia, el hombre vacio tomo asiento y miro a la puerta inconsciente de lo que se encontraba a su alrededor, como aquella pintura con gente que lo observaba, con la boca tapada, por suerte, porque en sus ojos se podían ver las ganas del insulto, la critica y la contención del aire.
La puerta temblaba, se retorcía en silencio, un silencio ansioso más destructivo que el ruido más agudo descrito u oído jamás, el miraba la puerta fijamente, pero no se fijo en su color, ni en lo que era, es mas, solo miraba el significado, ¿como lo hacia?, bueno pues esa es otra historia, ¿por que planteo la pregunta entonces? Diría que por joder, continuando, el temblor encontró la respuesta de su porque en el mirar curioso del ser oscuro sentado en frente de Él, el vibrar no nacía del temor, no crecía de la rabia ni de la sumisión, el temblor nacía de la tranquilidad de la culpa de sentir felicidad y paz nacidas del mirar confuso de aquel hombre, lo mas curioso no fue que esto sucediera, lo curioso fue que fuera el hombre y no la puerta quien callera en cuenta, cuando los dos concordaron, la lluvia se detuvo, y las ganas de caminar se fueron.

Fin.